En el gran ecosistema cultural las Esculturas, monumentos y los espacios dedicados a homenajear ciertas tendencias culturales como forma de atractivo turístico y artístico, no tienen el valor necesario para los políticos para promoción y conservación. Casos se han vistos en la ciudad de Santa Marta, una con la remodelación del camellón de la bahía donde las esculturas de la etnia Tayronas, donación del maestro Héctor Lombana en 1993 fueron removidas, archivadas, abandonadas o reubicadas como la que se instaló en la subida de la carretera a Taganga que fue posteriormente ridiculizada con tonalidades que no correspondían a la obra.
Y segundo, el triste final del homenaje a la piragua ubicado en el intercambiador del mismo nombre y que fue retirado y desechado como lo muestran las gráficas en esta nota.
Lo anterior demuestra un desprecio cruel, déspota pero sobre todo ignorante por hacer prevalecer la identidad y la cultura en nuestra región. ¿Por qué se realizan las obras urbanas sin ningún estudio favorable de afectación ni una curaduria de seguimiento a los monumentos, espacios u obras representativas del folclor y la cultura? Acaso no son dineros públicos con los que se realizan estas obras? ¿Acaso la cultura no tiene que ir por encima de las obras urbanas donde una no afecte el desarrollo de la otra?
No es sensato tanto desprecio, sin importar el color político que intervenga dichas obras civiles que van de la mano del desarrollo, pero jamás la cultura y la identidad no pueden ir alejadas de la misma razón de prevalecer de una sociedad. Porque cuando no se incentiva el reconocimiento artístico, cuando el cemento aplasta la sensibilidad que solo se despierta a través de las artes, entonces de nada sirve con entregarles obras a la gente que no van a sentir como un reconocimiento propio, sino como la obligación de una necesidad que aunque se suple, el vacío siempre va a prevalecer. Y eso suele pasar porque no le damos la identidad urbana y cultural que merece cada espacio.
El llamado es a los políticos de turno a dejar el odio por fuera de las obras y trabajar en beneficio de la identidad cultural y urbana, porque al final las obras se hacen con dineros del contribuyente y no del salario de la gobernadora ni del alcalde.
Para los entes de control la revisión e investigación sobre el despropósito y final uso de los bienes culturales ya que es costumbre que siempre se haga detrimento al erario a través del mal manejo y finalidad de los mismos.

Detalles clave de la obra:
Valor original: La inversión inicial de la rotonda y la intersección vial (incluyendo el monumento) superó los $2.220 millones a través de la Gobernación del Magdalena.
Construcción: La escultura fue fabricada en fibra de vidrio y otros materiales, rindiendo homenaje al compositor José Benito Barros.
Novedades recientes y restauración: Incendio: A finales de 2022, el monumento sufrió daños graves tras ser consumido por un incendio.
Costos de reparación: La concesión Ruta del Sol II asumió la restauración de la estructura por aproximadamente $200 millones de pesos.