Hace más de 14 años, el 07 de enero del 2012 se vivió un paro armado promovido en ese entonces por “Los Urabeños” de 48 horas en la ciudad de Santa Marta que registró pérdidas a comerciantes por más de 10 mil millones de pesos. El cual obligó a que el presidente Santos llegara a la ciudad, En ese entonces el paro mantuvo con el comercio cerrado pero no se presentaron alteraciones del orden público como los vividos entre el lunes 21 y martes 22 de septiembre del 2026, donde no solo en las estribaciones de la Sierra en sectores comprendidos entre Guachaca y Quebrada del Sol se presentaron confrontaciones, sino que la capital del Magdalena fue objeto de múltiples acciones criminales, vandálicas que marcaron el temor y la militarización de la ciudad. Pero más allá de los operativos militares del gobierno y de las reacciones del grupo criminal se tejen unas conjeturas por redes sociales de personajes públicos que llaman mucho la atención sobre ¿el porqué del afán de atacar con todas las fuerzas a los cabecillas de Los Conquistadores y dejar en un segundo plano a los del Clan del Golfo? Una estructura que se disputa el corredor estratégico del tráfico de drogas y otras acciones ilegales en la zona.
En una publicación de la Revista Pacto detalla que alias "Pinocho", jefe máximo de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, confesó a la periodista Salud Hernández que él y sus hombres "libremente votaron" por Abelardo de la Espriella. Días después de esa confesión, al Gobierno le entró un afán por asesinar a los cabecillas de esa estructura y no dejar rastro.
Primero fue Bendito Menor. Luego alias "Cholo". Ahora van por los demás.
No es una coincidencia. No es una operación de seguridad. Es una limpieza de archivo. Es el borrado de los testigos que pueden vincular al presidente con el paramilitarismo que lo llevó al poder.
La confesión que lo cambió todo
La entrevista de Salud Hernández con alias "Pinocho" fue un terremoto. El jefe paramilitar no solo admitió que votó por Abelardo. Dijo que lo hizo "libremente". Que él y sus hombres apoyaron al "Tigre". Que el "Tigre" sabía.
Esa confesión, pública y documentada, dejó al descubierto lo que muchos sospechaban: el paramilitarismo fue una de las bases electorales de Abelardo de la Espriella. No una base cualquiera. Una base armada, organizada y violenta, que en el pasado despojó tierras, asesinó líderes sociales y desplazó comunidades enteras.
Y ahora, esos mismos paramilitares que le hicieron campaña están siendo eliminados uno por uno.
La diferencia con Uribe
El contraste es inevitable. Álvaro Uribe, el mentor político de Abelardo, extraditó a los cabecillas de las AUC. Los envió a Estados Unidos para que pagaran sus crímenes y, de paso, para que no hablaran. Fue una jugada política, pero fue una jugada dentro de la ley.
Abelardo, en cambio, ha decidido "dar de baja" a sus antiguos colaboradores. No los extradita. No los judicializa. Los mata. Los elimina. Los borra del mapa.
¿Por qué? Porque los muertos no declaran. Los muertos no confiesan. Los muertos no pueden decir en un juicio que le entregaron votos, que le financiaron la campaña, que le pidieron favores a cambio. Y uno de esos favores es el que se viene gestando con el ministro de justicia Iván Cancino, en la estructuración de una nueva ley de sometimiento a la justicia para las organizaciones criminales y grupos armados de alto impacto en el país. Pero al parecer a De La Espriella no le cayó muy bien las declaraciones de alias “pinocho” que lo vincula en lo que realmente fue el voto fusil.
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