La comunicadora social, periodista y ex candidata a la Cámara de Representantes por el Magdalena, Naylea Barros, denuncia el elevado costo de la Fiesta del Mar 2026 y cuestiona la forma en que la Alcaldía de Carlos Pinedo está ejecutando los recursos públicos para este evento.
Según la denuncia, mientras la ciudad enfrenta problemas estructurales de basuras, deterioro vial, crisis de saneamiento básico e inseguridad, la administración distrital destina más de once mil millones de pesos a la realización de la Fiesta del Mar.
El convenio CI-015-2026, por un valor superior a los 10.900 millones de pesos, fue redactado bajo el concepto de “salvaguardar y fortalecer las manifestaciones musicales del patrimonio cultural inmaterial”. Sin embargo, al revisar las actividades contratadas se evidencia que se trata de la producción de cuatro espectáculos en vivo, tarima acuática, serenata, vallas, zonas VIP, seguridad y derechos de autor. La contratación se realizó de manera directa con la corporación NEOMUNDO, de Bucaramanga, evitando el proceso de licitación pública.
Barros recuerda que en administraciones anteriores la Fiesta del Mar costaba alrededor de 2.800 millones de pesos. En el primer año de Pinedo el presupuesto saltó a 7.200 millones, con presuntos malos manejos que generaron investigaciones de la Contraloría. En la celebración de los 500 años de la ciudad se alcanzaron los 12.000 millones y en 2026 nuevamente se aproximan a los 11.000 millones: casi cuatro veces más que el promedio histórico.
“La nómina artística incluye a Beéle, Gusi, Churo Díaz, Elder Dayán, Checo Acosta y los mismos compositores vallenatos de siempre. No se evidencian incentivos serios para gestores culturales locales ni un verdadero rescate de la identidad samaria. Adicionalmente, periodistas de la ciudad denuncian que han sido excluidos de la cobertura prioritaria, privilegiándose a medios foráneos.” Afirmó la periodista a través de sus redes sociales.

La crítica más profunda apunta al abandono de la formación artística: las escuelas de formación cultural desaparecieron, el Teatro Santa Marta y la Megabiblioteca perdieron su agenda permanente y sus procesos de formación con niños y jóvenes. “Mientras la cultura se reduce al espectáculo, la formación artística se abandona”, señala Barros.
La ex candidata concluye que Santa Marta no necesita más conciertos maquillados. Necesita calles, recolección de basura, alcantarillado, seguridad y, sobre todo, cultura de verdad para sus niños y jóvenes. “Ya es hora de exigir cuentas y prioridades, porque este pan y circo nos está costando demasiado caro”, concluyó.