Por: María Paz Gaviria Muñoz
1. Alrededor de 50 piezas–no hay un inventario–han sido retiradas de cuatro salas la muestra permanente del Museo Nacional de Colombia posterior a una alocución presidencial sobre “la batalla cultural” que hasta ahora ha estado basada en un supuesto intento por eliminar el tono ideológico de los espacios culturales y se ha convertido en un acto de violencia simbólica a través de un discurso descuidado, acciones desordenadas y sin claridad sobre los criterios que deciden qué partes de la historia pueden seguir siendo vistas.
2. Desde el viernes, recorrer el Museo parece volver a la prisión que alguna vez fue. En la entrada se advierte a los visitantes que una nueva directriz prohíbe tomar fotografías dentro de las instalaciones. La censura parece extenderse de las obras a la posibilidad de registrar su ausencia: se retiran las piezas y se impide retratar los vacíos que dejaron. En los pasillos, quien se arriesga a tomar una foto tiene que esquivar al personal de seguridad como si estuviera robando una obra. Entre el jueves y el viernes continuaban removiendo y volviendo a poner a obras, abriendo y cerrando salas. El sábado, el Museo amaneció también custodiado en sus afueras. Por estos días, pareciera que ha regresado el panóptico.
3. Una pared de la sala Hacer sociedad, dedicada a recordar los asesinatos de candidatos presidenciales antes de las elecciones de 1990, ha quedado a medias tras la directriz presidencial de retirar imágenes alusivas a Carlos Pizarro de los espacios públicos. Fueron removidos su afiche y el de Bernardo Jaramillo, mientras permanece el de Luis Carlos Galán, al igual que una alusión al magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado en otra parte de la sala.
¿Qué criterio justifica conservar unas memorias y retirar otras? ¿Pesa más una muerte que otra? ¿No es esa misma violencia contra quienes aspiran a la Presidencia, que hemos lamentado tantas veces durante el último año con el asesinato de Miguel Uribe Turbay, la que nos obliga a hacer memoria?
4. El descuido parece ser de fondo, pero la directriz, irónicamente, ni siquiera se ha cumplido en su totalidad. Mientras unas imágenes alusivas a Carlos Pizarro fueron retiradas, en la sala Fuerza, Fe y Sustancia todavía es posible encontrarlo. La contradicción deja aún más dudas sobre el criterio improvisado con el que se seleccionaron las piezas que duraron decadas de constucción.
5. En esa misma sala permanece expuesta La gran narco arca, de Carlos Castro, una obra que representa a Pablo Escobar entre otros tantos muros ahora vacíos. ¿Por qué en este caso se entiende que representar a alguien que ejerció violencia en Colombia no equivale a hacer apología del delito, mientras ese mismo argumento le sirve a la ministra para justificar el retiro de otras piezas? Otra obra de Carlos Castro, en cambio, sí fue removida: una imagen que muestra un monumento colonial cubierto de chaquiras de la comunidad embera. El contraste vuelve aún menos claro el criterio de selección.Hacer memoria de los años más violentos del país es esencial para comprender lo ocurrido y construir garantías de no repetición.
6. Durante el recorrido desaparece también una pieza clave para ese momento de la historia nacional cargado de violencia: la séptima papeleta, el paso para poder llegar a la constitución de 1991. Ese símbolo de nuestra constitución vigente fue removido junto con todo lo relacionado con el Acuerdo de Paz de 2016, entre eso la bala hecha pluma con la que fue firmado.
7. En el país que reconoció la diversidad y amplió derechos con la Constitución de 1991, esas luchas parecen perder su lugar en la memoria nacional. ¿Cómo contar la conquista de la ciudadanía sin mostrar a quienes tuvieron que luchar por ella?
La improvisación en los cambios en una sala que llevó una década de discusiones y consensos a lo largo de varios gobiernos es además aparente. En la sección dedicada a las luchas de las comunidades LGBTIQ+, durante el viernes siguieron apareciendo y desapareciendo piezas.
El relato cambiaba en el transcurso del día, sin una explicación visible para quienes recorrían la sala. Algunos visitantes alcanzaron a ver un yembé del grupo Toque lésbico, otros unos zapatos para mujeres trans e incluso algunos cuadros que iban y venían. Sin embargo, algunas piezas se mantienen ausentes, la camiseta de líder de la montaña de Lucho Herrera durante el Tour de Francia de 1985, un vestido rosado de Arturo Calle inspirado en el estilo Gatsby y un paraguas que salió en la telenovela Caballo Viejo.
Durante la tarde del día viernes esta sala tuvo cambios, dos cuadros que no estaban a las 12.43pm re aparecieron a eso de las 2.02pm cuando algunos periodistas que sí contaban con la autorización para tomar registro se dispusieron a hacer fotografías de esta sección.
8. De esta sección fue retirada Platea, de la serie Faenza, de Miguel Ángel Rojas, en la que el artista documenta de manera clandestina los encuentros sexuales entre hombres en la penumbra del histórico Teatro Faenza de Bogotá en los años 70. Su retiro contrasta con el reconocimiento que recibe en instituciones internacionales actualmente: el Museo Reina Sofía de Madrid inaugura una retrospectiva de su obra en las próximas semanas.
9. Del mismo Miguel Ángel Rojas permanece todavía David n.º 6 en la sala Memoria y Nación: el retrato de un militar mutilado por una mina antipersona, expuesto junto a San Sebastián en las trincheras, de Ignacio Gómez Jaramillo, y otra pared completamente vacía. Como ocurre con Carlos Castro, la selección parece admitir ciertas expresiones de un artista mientras excluye otras.
10. También fueron retirados materiales sobre derechos de las mujeres y contra la violencia de género. El arte y los objetos de un museo permiten reconocer experiencias que durante mucho tiempo quedaron fuera de la historia oficial. Su presencia cuenta cómo una sociedad ha cambiado y quiénes hicieron posibles esos cambios. ¿Qué se pierde cuando esas luchas dejan de ser visibles?
11. Se recorren las salas y los espacios vacíos se exhiben como si lo ausente fuera una señal de amenaza, ¿Qué nos aterra tanto que debe ocultarse? ¿Qué hace falta en la sala Fuerza, fe y sustancia que reconoce distintas prácticas espirituales y religiosas de las comunidades de Colombia? Se retiraron piezas que contaban la espiritualidad de las comunidades afro de nuestro país, elementos que por la naturaleza de esta sección eran objetos rituales, considerados sagrados y que en otros casos reflejaban la tensión entre las creencias y la cotidianidad colombiana.
En otras de las salas desaparece también una nota de prensa histórica de la fecha en que se quemaron tiendas judías en el centro por ser precisamente personas no católicas.
12. ¿En contra de quién es esta batalla del relato de nación? ¿Del gobierno anterior? Cómo podría serlo si la mayoría de las piezas retiradas pertenecen a una sala salas abiertas durante el gobierno Santos y el gobierno Duque: Memoria y Nación se inauguró en 2014 y Hacer Sociedad en 2019. El guión museográfico que hoy se señala como una preocupación tiene más de una década: empezó a escribirse en 2013, cuando Mariana Garcés era ministra y María Victoria de Robayo dirigía el museo y lo discutieron durante años los curadores con un comité asesor. Sus raíces son incluso anteriores, de finales de los 90, momento en que la pregunta a responder era cómo contar el país diverso que había reconocido la constitución del 91.
Un proyecto de país, construido por distintas administraciones que en su momento respetaron la autonomía curatorial del museo.
13. Ante la ausencia actual de comités curatoriales es inevitable no preguntarse por la razón que se dio al seleccionar las obras retiradas. ¿Fue acaso la sensación de un posible reflejo de la Colombia de hoy? Esa misma de Libertinaje y desorden de Carlos Correa.
14. Carlos Correa con otra pieza censurada, retrata el peso de la cruz que carga el pueblo. Retrata el dolor de quienes sostienen el conflicto, de quienes avanzan empujando un yugo que no se va y que en un primer momento no tiene señales de liberación.
15. Gran parte de las obras retiradas pertenecen a grabadores que retrataron la época de la violencia,como lo hace La cosecha de los violentos de Alfonso Quijano.
16. ¿Qué guerra es posible tener en contra de una bandera de Colombia con la palabra minería bordada de Antonio Caro ubicada en la sala Tierra como recurso? Su icónico Colombia Coca Cola si permanece en otra sala.
17. Otra de las obras retiradas fue la Bandera de la guerra a muerte, de Camilo Turbay, que lejos de cargar exclusivamente con el simbolismo dado por el último gobierno, no deja de ser un elemento de la lucha independentista de nuestro país. Luego de retirada la bandera y su ficha técnica, quedó abandonado un marco vacío, colgado en una pared azul con la intención de ser visto. Entre tantas preguntas, hace falta un tema que no es menor. ¿De qué manera se recogieron las piezas? ¿Cuál es el objetivo de dejar los marcos, los soportes y las fichas técnicas exhibidas?
18. El Museo Nacional ha quedado en medio de una batalla política como unmo de los mayores centros del relato nacional, pero perdiendo toda su importancia cuando la discusión se gira a pensar en una dirección que lleva vacía desde que inició el gobierno actual, cuando se pregunta por el mantenimiento de las instalaciones, la protección de las obras exhibidas, del no funcionamiento de muchos de los espacios interactivos y la dirección que el mismo tiene de la red museal de todo el país.
19. Cierra el recorrido una frase de La Maestra, Beatriz González, que hoy cuelga en la fachada principal del museo. Un recordatorio que parece no ser escuchado a través de los muros que hoy intentan ser borrados..., "El museo no debe glorificar el pasado, sino hacerlo legible".
La legibilidad de la historia no puede convertirse en un añadido. A nivel internacional se defiende la independencia de las instituciones museales, una característica que debe ser una garantía estatal, pues el relato es el que es y el de Colombia es el de un país diverso, libre, democrático y que ha visto de frente la barbarie del conflicto, esa que recuerda constantemente con la esperanza de que tenga fin.
Es la historia de un país que se ha sobrepuesto a las ideologías que lo gobiernan, a las temporadas de violencia y a encontrar incluso en gobiernos de corrientes distintas el espacio para narrar lo distintos que somos.
El siguiente paso necesario por parte de @museonacionalco es reinstalar las obras que fueron retiradas arbitrariamente. Si la intención que se tiene es reestructurar el guión museográfico el proceso debe hacerse con el rigor necesario, acompañado por comités curatoriales que den continuidad a la institucionalidad con la que el museo ha trabajado en las últimas décadas.