La instalación del nuevo Congreso dejó mucho más que la elección de unas mesas directivas. Fue el primer examen real de fuerza del gobierno del tigre y el resultado envió un mensaje inequívoco: el Ejecutivo no tiene, por ahora, una mayoría asegurada en el Legislativo.
Con base en los resultados de las votaciones del 20 de julio, las mesas directivas de Senado y Cámara quedaron integradas de la siguiente manera:
Corporación Cargo Elegido Partido
Senado presidente Honorio Henríquez Centro D.
1 vicTte. Ana Paola Agudelo MIRA
2 victe. Ana María Castañeda Cambio R.
Cámara presidente Nicolás Barguil Conservador
1 victe. Simón Molina Liberal
2 victe. Daniel Carvalho Centro E.
Durante la campaña y después de su elección, el presidente había insistido en que no intervendría en las decisiones internas del Congreso y que respetaría la autonomía de sus cámaras. Sin embargo, la realidad política terminó siendo distinta. La apuesta por impulsar la candidatura de Alfredo Deluque para la Presidencia del Senado convirtió una elección para medir pulso entre las fuerzas políticas del Congreso.
El resultado fue contrario a las expectativas del Ejecutivo. Honorio Henríquez, del Centro Democrático, se impuso por 53 votos contra 49, en una votación que no solo frustró la aspiración del candidato respaldado por el Gobierno, sino que también evidenció las dificultades para consolidar una coalición antes incluso de la posesión presidencial.
Paradójicamente, el intento de influir en la elección terminó produciendo el efecto contrario. Bancadas con profundas diferencias ideológicas coincidieron en la necesidad de impedir que el nuevo Gobierno comenzara controlando la agenda del Senado.
Mientras tanto, en la Cámara de Representantes el reparto de la mesa directiva reflejó un mayor equilibrio entre las distintas fuerzas políticas: la Presidencia quedó en manos del Partido Conservador, la Primera Vicepresidencia fue para el Partido Liberal y la Segunda Vicepresidencia para Centro Esperanza.
Pero el mensaje resultó similar; ninguna fuerza política tendrá el control absoluto del Congreso.
Definitivamente, los grandes ganadores fueron el Centro Democrático, que recuperó un cargo de enorme importancia institucional; los partidos bisagra, que aumentan su capacidad de negociación; y el propio Congreso, que demostró que está dispuesto a actuar con independencia frente al Ejecutivo.
Los grandes derrotados fueron el Gobierno entrante y su estrategia política. No solo perdió la Presidencia del Senado, sino que también quedó claro que cada proyecto deberá construirse mediante acuerdos y negociaciones, sin la comodidad de una mayoría automática.
Enseñanza: en un Congreso tan fragmentado, intentar imponer decisiones suele generar más resistencia que consensos. El primer pulso entre el Gobierno y el Legislativo terminó con una victoria del Congreso y con una advertencia para el Ejecutivo: gobernar exigirá diálogo, no solo respaldo electoral.
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