La campaña presidencial colombiana de 2026 ha estado marcada por una fuerte polarización ideológica y por la construcción de narrativas políticas que apelan a emociones, identidades y visiones opuestas del país. En este contexto, dos figuras destacan por representar modelos distintos de liderazgo y comunicación pública: Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella.
Más que analizar únicamente sus propuestas programáticas, este informe examina los elementos culturales que rodean sus campañas, especialmente la llamada "cultura creativa" en la construcción de discursos, símbolos y participación ciudadana, así como las dinámicas de confrontación política que algunos analistas consideran parte de una cultura de poder basada en la polarización.
Iván Cepeda: memoria, derechos humanos y construcción simbólica
Iván Cepeda ha desarrollado gran parte de su trayectoria política alrededor de los derechos humanos, la memoria histórica y los procesos de paz en Colombia. Su discurso suele estar vinculado a conceptos como justicia transicional, reconocimiento de víctimas y fortalecimiento de instituciones democráticas.
Desde el punto de vista de la cultura creativa, su movimiento ha utilizado relatos de memoria colectiva, testimonios de víctimas y narrativas de reconciliación como herramientas para movilizar sectores sociales. La construcción de identidad alrededor de la defensa de los derechos humanos ha permitido conectar con organizaciones sociales, movimientos estudiantiles y sectores progresistas.
Sin embargo, sus críticos sostienen que este discurso también contribuye a una fuerte división política, al mantener debates permanentes sobre responsabilidades históricas del conflicto armado y sobre el papel de diferentes actores políticos en la violencia colombiana.
Abelardo de la Espriella: marca personal, espectáculo político y liderazgo de autoridad
Abelardo de la Espriella ha construido una figura pública basada en una combinación de imagen empresarial, discurso de seguridad y comunicación altamente mediática. Diversos medios han señalado que su campaña utiliza elementos de branding político inspirados en liderazgos de derecha latinoamericanos e internacionales.
La cultura creativa en su caso se manifiesta mediante el uso de símbolos, eslóganes y una fuerte presencia digital. Su apodo de campaña, "El Tigre", y la construcción de una identidad asociada al liderazgo fuerte y la autoridad han sido elementos centrales de su narrativa política.
Su propuesta gira alrededor de conceptos como "mano dura", fortalecimiento de la seguridad y reducción del tamaño del Estado. Estas ideas han encontrado eco en sectores ciudadanos preocupados por el aumento de la inseguridad y el deterioro de la confianza institucional.
No obstante, analistas y sectores críticos consideran que este modelo puede incentivar una cultura política basada en la confrontación permanente y en la simplificación de problemas complejos mediante soluciones de carácter punitivo.
Cultura creativa versus cultura de confrontación
Ambas campañas utilizan herramientas de creatividad política: producción audiovisual, redes sociales, construcción de símbolos y apelaciones emocionales. Sin embargo, también participan de un escenario donde la polarización se ha convertido en una estrategia de movilización electoral. Comentarios ciudadanos y análisis independientes han señalado que gran parte del debate público gira más alrededor de identidades políticas enfrentadas que sobre la discusión técnica de propuestas.
Esta elección presidencial muestra cómo la política contemporánea combina creatividad comunicativa, construcción de marca personal y disputas ideológicas que evidencian la importancia de la narrativa en la conquista del electorado.
El reto para la democracia colombiana consiste en que la creatividad política fortalezca la deliberación ciudadana y no se limite a alimentar dinámicas de confrontación. En un contexto marcado por la desconfianza institucional y la polarización, la calidad del debate público seguirá siendo uno de los factores decisivos para el futuro político del país.
Cultura, artes y letras: dos visiones de país
Más allá de las diferencias ideológicas en materia económica y de seguridad, Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella representan enfoques distintos sobre el papel de la cultura en la sociedad colombiana.
Iván Cepeda: cultura como derecho y herramienta de transformación social
La visión cultural asociada a Iván Cepeda se articula alrededor de la idea de la cultura como un derecho ciudadano y como un instrumento para fortalecer la democracia, la memoria histórica y la inclusión social.
Dentro de este enfoque, las políticas culturales suelen priorizar:
El fortalecimiento de bibliotecas públicas y espacios comunitarios de lectura.
El apoyo a artistas emergentes y colectivos culturales regionales.
La protección del patrimonio histórico y de las expresiones culturales de comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas.
El impulso a programas de memoria histórica a través del arte, el cine, la literatura y las artes escénicas.
El aumento de recursos públicos destinados a la producción cultural y a la formación artística.
Desde esta perspectiva, las letras, la investigación histórica y las artes son consideradas herramientas fundamentales para construir ciudadanía crítica y promover procesos de reconciliación nacional.
Los sectores culturales cercanos a esta visión defienden una mayor intervención del Estado para garantizar el acceso universal a bienes culturales y para reducir las brechas existentes entre los grandes centros urbanos y las regiones periféricas.
Abelardo de la Espriella: cultura como industria creativa y patrimonio nacional
La visión cultural proyectada por Abelardo de la Espriella se orienta más hacia el fortalecimiento de las industrias culturales y creativas como motores de desarrollo económico y generación de empleo.
Según el análisis realizado por El Espectador sobre los programas de los candidatos presidenciales, Abelardo de la Espriella ha planteado una visión de la cultura ligada al fortalecimiento de las industrias creativas y al desarrollo económico del sector cultural.
“La cultura dejará de ser la cenicienta de los gobiernos”. Dice en el reportaje De la Espriella que anunció la destinación de aproximadamente 125 mil millones de pesos anuales para el sector creativo, con el objetivo de fortalecer actividades culturales, artísticas y de entretenimiento.
Asimismo, vinculó el crecimiento cultural con la recuperación de la seguridad y del turismo, afirmando:
“Por ustedes volverá el turismo de la mano de la seguridad. Nada sería de los artistas sin quienes construyen escenarios, impulsan eventos y hacen posible que la gente vuelva a encontrarse con la alegría”.
Aunque el programa no desarrolla ampliamente políticas para literatura, bibliotecas, patrimonio cultural o fomento de lectura, sí enfatiza la necesidad de impulsar la economía cultural mediante inversión, eventos, turismo y fortalecimiento del sector creativo.
El debate cultural de fondo
Las diferencias entre ambas candidaturas reflejan una discusión más amplia presente en América Latina y Europa: ¿debe la cultura entenderse principalmente como un derecho social garantizado por el Estado o como una industria creativa impulsada por la iniciativa privada?
Mientras la visión asociada a Cepeda enfatiza la función social, educativa y democrática de la cultura, la propuesta representada por De la Espriella pone mayor atención en la productividad cultural, el emprendimiento creativo y la proyección internacional del sector.
En la práctica, ambos enfoques coinciden en reconocer la importancia estratégica de las artes, la literatura, el patrimonio y la creatividad, aunque difieren en los mecanismos institucionales y financieros para impulsarlos.
La disputa presidencial no solo enfrenta modelos económicos y políticos distintos, sino también concepciones diferentes sobre el papel de la cultura en la construcción de nación. Para los sectores culturales colombianos, la elección representa una oportunidad para debatir cómo financiar las artes, fortalecer la lectura, proteger el patrimonio y consolidar una economía creativa capaz de dialogar tanto con la memoria histórica, como con los desafíos del siglo XXI.