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¿En perseguirme, mundo, qué interesas? ¿En qué te ofendo, cuando solo intento poner bellezas en mi entendimiento y no mi entendimiento en las bellezas?
Yo no estimo tesoros ni riquezas, y así, siempre me causa más contento poner riquezas en mi entendimiento que no mi entendimiento en las riquezas.
Yo no estimo hermosura que vencida es despojo civil de las edades ni riqueza me agrada fementida,
teniendo por mejor en mis verdades consumir vanidades de la vida que consumir la vida en vanidades.
A la esperanza
[Poema - Texto completo.]
Sor Juana Inés de la Cruz
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Verde embeleso de la vida humana, loca esperanza, frenesí dorado, sueño de los despiertos intrincado, como de sueños, de tesoros vana;
alma del mundo, senectud lozana, decrépito verdor imaginado, el hoy de los dichosos esperado y de los desdichados el mañana:
sigan tu sombra en busca de tu día los que, con verdes vidrios por anteojos, todo lo ven pintado a su deseo:
que yo, más cuerda en la fortuna mía, tengo en entrambas manos ambos ojos y solamente lo que toco veo.
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A su retrato
[Poema - Texto completo.]
Sor Juana Inés de la Cruz
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Este que ves, engaño colorido, que, del arte ostentando los primores, con falsos silogismos de colores es cauteloso engaño del sentido;
éste, en quien la lisonja ha pretendido excusar de los años los horrores, y venciendo del tiempo los rigores triunfar de la vejez y del olvido,
es un vano artificio del cuidado, es una flor al viento delicada, es un resguardo inútil para el hado:
es una necia diligencia errada, es un afán caduco y, bien mirado, es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.
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A Cristo Sacramentado, día de comunión
[Poema - Texto completo.]
Sor Juana Inés de la Cruz
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Amante dulce del alma, bien soberano a que aspiro, tú que sabes las ofensas castigar a beneficios;
divino imán en que adoro: hoy que tan propicio os miro, que me mimáis la osadía de poder llamaros mío:
hoy que en unión amorosa pareció a vuestro cariño que si no estabais en mí era poco estar conmigo;
hoy que para examinar el afecto con que os sirvo al corazón en persona habéis entrado vos mismo,
pregunto: ¿es amor o celos tan cuidadoso escrutinio? Que quien lo registra todo da de sospechar indicios.
Mas ¡ay, bárbara ignorante, y qué de errores he dicho, como si el estorbo humano obstara al lince divino!
Para ver los corazones no es menester asistirlos, que para vos son patentes las entrañas del abismo.
Con una intuición presente tenéis en vuestro registro el infinito pasado hasta el presente finito.
Luego no necesitabais para ver el pecho mío, si lo estáis mirando sabio, entrar a mirarlo fino.
Luego es amor, no celos, lo que en vos miro.
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